Mientras yo y la gran mayoría de los chilenos
disfrutábamos del fin de semana, en Francia se vivía las elecciones
presidenciales, donde el Nicolás Sarkozy se juega el papel de mandatario de la
nación europea. Los primeros resultados
dan como ganador al socialista François
Hollande obteniendo 28,63 por
ciento de los votos, a diferencia del
actual gobernante con apenas 27,08.
Con este margen estrecho de
las votaciones, sin duda serán las elecciones más peleadas en los últimos diez
años. Veo difícil que Sarkozy tome ventaja sobre su par socialista a estas
alturas del juego, debería resignarse y declararse como perdedor antes de la
segunda vuelta, así su esposa Carla
Bruni se evitaría el bochorno de acompañar a un derrotado candidato.
Esto demuestra que los
franceses ya se cansaron de los manejos conservadores por parte del gobierno,
de la represión y el autoritarismo del actual presidente. El grito de cambio
que quiere Francia será comandado por el socialista Hollande, imponiendo políticas públicas
más pensadas en el pueblo que en los intereses privados.
Casi comiéndose las uñas
debe estar Angela Merkel, ya que uno de los temas que más preocupantes es el
futuro de la zona euro, que con la crisis que está pasando es fundamental las
políticas proteccionista que tenía Sarkozy, a diferencia de las que se puede
esperar del candidato socialista de no ser más títere de los grandes poderes.
Claramente es incierto el
futuro de Francia y a su vez de la zona Euro, pero los únicos que tiene el
poder es el pueblo galo en decidir entre más de lo mismo o un cambio
fundamental progresista.
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